Un libro imprescindible para conocer la historia de Los Blancos


PEDRO ANDRADES

En este 475 Aniversario, la Hermandad de Los Blancos se ha marcado el reto de profundizar en su historia y para ello ha abordado con recursos propios un ambicioso proyecto de investigación y de divulgación que se plasmará en la publicación de dos libros, que he tenido el encargo de editar: “Historia de la Vera+Cruz de Setenil”, fruto de una investigación minuciosa de Jose Antonio Zamudio Rodríguez, editor de «Setenil, pueblo insólito, y “Los Blancos”, un catálogo en gran formato que pretende mostrar el esplendor y la categoría de esta cofradía con un despliegue fotográfico nunca visto en este pueblo y que también estará disponible en breve. Este sábado 21 de marzo se ha presentado en la Casa Hermandad el primero de ellos, con la intervención de la Hermana Mayor, Isabel María Corral, y el autor, en un auditorio lleno.

El libro se puede adquirir en la Casa Hermandad (Plaza de la Villa, nº1551), Asesoría Luque, Peluquería Noelia, contactando con María José Bastidas o a través del correo veracruzsetenil@gmail.com. La foto de la portada es de Mercedes Cebada y la contraportada de Mario García Vargas. El libro incluye imágenes históricas de Antonio Sánchez, Juan Marín Ortega y de los archivos de la propia Vera+Cruz y de Imagina Setenil.

La publicación de la “Historia de la Vera+Cruz de Setenil” es un acontecimiento para la Hermandad y para Setenil. Marca un antes y un después en el conocimiento de la Historia de Los Blancos y da pistas inéditas sobre nuestro propio municipio, carente de una bibliografía básica que abarque desde sus orígenes hasta nuestros días. Es la primera vez que un autor aborda con rigor, y amparado en la documentación escrita, los últimos cinco siglos de la Historia de un pueblo con hitos tan singulares como la pervivencia del hábitat troglodita o el protagonismo fronterizo en el Reino nazarí de Granada. Esta investigación de Jose A. Zamudio Rodríguez revela también el peso eclesiático de Setenil tras la fundación en 1551 de la Hermandad de la Santa Vera+Cruz y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, a la que estaban estrechamente vinculadas las otras cofradías de las que hay constancia escrita a finales del siglo XVI: San Sebastián (cuyos gastos se aprobaban en cabildos de Los Blancos y cuya festividad como Patrón local se celebra desde 1763), el Santísimo Sacramento, la de Ánimas, la de Caños Santos y la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario.

El autor nos describe que, en 1584, Setenil cuenta con la Iglesia de la Encarnación (elevada sobre la antigua mezquita), las ermitas de San Sebastián, San Benito y Santa Catalina, en el hospital del mismo nombre y sede original de la Vera+Cruz. Su derribo parcial en 1878 y definitivo casi un siglo después ha sido una de las grandes pérdidas del patrimonio local. Ya en la segunda década del siglo XVII hay constancia también del oratorio de la Concepción (en el entorno de San Benito o, quizá, en esta misma ermita). Todos estos templos están vinculados a la Vera+Cruz, que, por ejemplo, celebraba en febrero de 1670 su primera Escuela de Cristo en San Benito o reunía sus cabildos en la Encarnación, al menos desde la segunda mitad del siglo XIX. En 1756, además, la Vera+Cruz construye su propia capilla en la ermita de la recién erigida ermita del Carmen. Desde su creación, por tanto, esta Hermandad ejerce una preponderancia evidente en un pueblo con una relevancia significativa en la Iglesia Católica. La prueba más evidente del alcance de Setenil en la cristiandad es la construcción del Seminario (ordenada en 1596) para contrarrestar la reforma protestante. Este centro de formación se ubicó inicialmente cerca de Santa Catalina y luego en el propio hospital.

Estas son algunas de las aportaciones de calado de este compendio histórico, en el que descubrimos detalles inéditos como las primeras referencias escritas en 1566 de pagos a dos clérigos por acompañar nuestra ancestral procesión del Silencio (entonces una penitencia de disciplina). O el nombre de las primeras mujeres que ingresaron en 1584 en la cofradía (Catalina de Cobareda y Luisa Sánchez). O el relato de los primeros milagros  de la Virgen de Caños Santos a dos vecinas de Setenil, Juana Martín e Isabel Domínguez, quienes en 1600 y 1608 recuperaron la movilidad, respectivamente, del brazo y las piernas. También conoceremos el enriquecimiento del patrimonio cofrade y la sorprendente evolución de la celebración de la Semana Santa, desde aquellas primeras penitencias de autoflagelación, desde ritos como el Descendimiento y el Lavatorio al poderío de las bandas militares y la retransmisión en directo de los desfiles. Y alguna reivindicación histórica, como el valor de la imagen del primer Resucitado de Alonso de Mena, figura principal del Barroco granadino.

El mérito de la apuesta editorial de la Hermandad de Los Blancos cobra mayor fuerza si tenemos en cuenta que Setenil sólo contaba hasta ahora con la aportación histórica de amanuenses como José Pérez Benítez, cuyo meticuloso trabajo y sus anotaciones en el Archivo Municipal de Setenil alentaron la recopilación histórica de su sobrino, el médico rondeño Alfonso Pérez Aguilar, en la que se apoyaron los autores de los dos libros de referencia sobre nuestro pasado: los publicados por los escritores José y Jesús de las Cuevas (1979) y por el catedrático Juan Manuel Suárez Japón (1983).

Sobre la historia de una Hermandad de tanta solera como la Vera+Cruz de Setenil tan solo disponíamos de los estudios impresos de María Luisa González Cid (“Los Blancos y Los Negros. Estudio de las cofradías de Setenil”, 1982) y del propio Jose Antonio Zamudio (“Semana Santa de Setenil”, 1993), que puedes consultar en “LosBlancosdeSetenil.com”, la plataforma digital de la Hermandad. También contamos con aportaciones históricas de la Revista “Vera+Cruz” firmadas por Sebastián Bermúdez Hormigo, Sebastián Bermúdez Zamudio, José Manuel Cordobés, Rafael Domínguez Cedeño, José Antonio García, Sebastián Luque, o el mismo autor de este libro. La publicación de la “Historia de la Vera+Cruz de Setenil», que edita Imagina Setenil (en breve será visibles de nuevo sus publicaciones en el blog), es, sin duda, un libro imprescindible para Los Blancos y para este maravilloso rinconcito, único en el mundo, que se llama Setenil de las Bodegas.

Presentación del libro en la Casa Hermandad.

«Entre el cielo y la Tierra», el impresionante cartel de Fernando Vaquero para el 475 Aniversario de Los Blancos de Setenil

La Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Setenil, «Los Blancos», ha iniciado este sábado 17 de enero los actos de celebración del 475 Aniversario de su fundación en 1551 con la presentación de una auténtica joya artística y devocional: el óleo «Entre el cielo y la Tierra», del prestigioso pintor sevillano Fernando Vaquero, que será el cartel anunciador de esta conmemoración. Vaquero ha querido contar a los hermanos blancos y los setenileños la vInculación íntima con el Cristo de la Vera+Cruz de nuestro pueblo surgida con la realización de este cuadro, «uno de los más complejos y personales» de toda su trayectoria. Vaquero explica que el proceso creativo estuvo marcado por un momento vital especialmente delicado por una enfermedad de su mujer, la también pintora Irene Dorado, cuya sanación ha ido en paralelo a le ejecución de esta obra y las oraciones al titular de Los Blancos: «No podéis imaginar las veces que le he rezado. En cada pincelada sobre su bendito rostro iba quedando adherida una oración, en cada trazo una súplica silenciosa». A continuación podéis leer la emotiva y brillante intervención de Fernando Vaquero.

“Entre el Cielo y la Tierra” Óleo sobre lino. 116 x 65 cm. ©Fernando Vaquero 2026.

FERNANDO VAQUERO
Setenil, 17 de enero de 2026

Hoy os presento uno de los carteles más difíciles de toda mi carrera. Y, sin duda, uno de los más íntimos y personales. Porque si ya de por sí el ejercicio intelectual de componer una escena es complejo, lo es mucho más cuando el artista crea desde la incertidumbre y la preocupación más profunda.

Cuando la salud de uno de los tuyos se tambalea, algo dentro de ti también se quiebra. El desvelo y la intranquilidad te arrastran a una especie de oscuridad donde todo se vuelve negro, donde la mente se bloquea y el corazón pesa. En ese abismo, la creación deja de ser un acto técnico para convertirse en un acto de supervivencia. Fue en ese momento de desorientación personal cuando, por primera vez, le recé a vuestro Cristo. Le pedí algo muy simple: salud. Le pedí que me devolviera la luz. Le pedí que me sacara de aquella oscuridad en la que me encontraba perdido.

He podido contemplar cientos de fotografías de vuestra Hermandad. Las que, con tanto cariño, me enviaban Isabel y Sebastián; las decenas de boletines de vuestra historia que generosamente me cedisteis; y muchas otras imágenes que pedí a los fotógrafos locales de la Hermandad, especialmente a Mario García Vargas, a quien desde aquí agradezco su enorme generosidad.

Lo he visto desde todos los ángulos: desde arriba y desde abajo, de perfil, en contrapicado, con el sudario, de cerca, sobre su paso, de día, de noche, en la urna, en el Vía Crucis… Tantas imágenes, tantos Cristos en la memoria, que un día, una mañana cualquiera, mientras esperaba a mi mujer en una de sus pruebas en el hospital, mágicamente surgió la idea. O quizá no debería decir que surgió, sino que me fue enviada. Vuestro Cristo me la entregó precisamente desde esa oscuridad en la que yo me encontraba.

Y en ese gesto, Él me dio lo que le había pedido: la luz. Un Cristo que abre de par en par mi noche interior para que la luz penetre en ella y me llene de esperanza.

No podéis imaginar las veces que le he rezado. En cada pincelada sobre su bendito rostro iba quedando adherida una oración, en cada trazo una súplica silenciosa: Que salga todo bien, Dios mío, cuídamela… Me da vértigo pensar que Dios haya querido que la operación de mi mujer coincida exactamente con esta semana en la que yo debía venir a verlo de nuevo. Nada ocurre por casualidad.

He querido titular esta obra “Entre el Cielo y la Tierra”, con la intención de que no sea solo una imagen, sino también un instrumento de oración para todo devoto que se acerque a ella. En ella, Cristo no solo aparta para nosotros la roca del dolor y de la oscuridad, sino que nos señala el camino hacia la eternidad.

Allí, a lo lejos, entre brumas, aparece el cielo. Un cielo en el que he querido representar una idealización del pueblo de Setenil: donde habitan vuestros abuelos, donde también están aquellos que en 1551 fundaron esta Hermandad y que hoy, desde lo alto, nos recuerdan lo mismo que Cristo nos dice desde la Cruz: que no desfallezcamos. Que nunca perdamos la fe. Porque Él siempre estará aquí, en la tierra, con nosotros, abriendo sus brazos, separando la oscuridad para llenarnos de esperanza.

Querido Cristo de la Vera Cruz: tú, que tanto me has escuchado durante estos meses; tú, que me has visto llorar mientras pintaba tus regueros de sangre… hoy quiero darte las gracias. Gracias porque todo ha salido bien y ya la tengo en casa. Y por eso quiero decírtelo aquí, delante de todos tus hermanos: gracias, gracias y mil veces gracias. Porque no solo eres el Señor de Setenil… también eres mi Señor.

No pueden ustedes imaginar la vinculación tan profunda que, a partir de ahora, tendrá este cartel para mí. Cada vez que lo contemple y vuelva a encontrarme con la mirada de este Cristo, recordaré muchas cosas… muchas conversaciones silenciosas entre Él y yo. Porque me gusta pensar que no fui yo quien tuvo la idea de este cuadro, sino que fue Él quien quiso mostrarse así ante todos nosotros.

Él quiso aparecer de este modo para recordarnos que, si esta Hermandad permanece viva desde hace 475 años en este Setenil de las Bodegas que hoy pisamos, es gracias a vuestros abuelos, a vuestros padres, a vuestros amigos. Gracias a todos aquellos que nos precedieron y que, desde ese Setenil del cielo, hoy os contemplan con gratitud, orgullosos de ver que seguís cuidando y manteniendo tan viva esta Hermandad que ellos un día sembraron.

En cuanto a la parte mas técnica deciros que se trata de un óleo sobre lino de 116 x 65 cm (curiosamente el lino fué el tipo de tela en la que envolvieron a Cristo). Tambien deciros que la Hermandad deseaba que entregara la pintura tal y como la ven y que luego les aportara la versión cartelística, en la que podéis ver, en primer lugar, las palabras VERA y CRUZ, para las que he elegido una tipografía moderna y actual, inspirada en la impresión sobre tela, como una forma de tender un puente entre la tradición y el presente.

Sobre ellas se alza la mención al 475 Aniversario, y en la parte inferior, cerrando la composición, aparece el nombre de Setenil, de manera que, si recorremos el cartel de arriba abajo, todo comienza y todo termina en Setenil.

Si afinamos la mirada, descubriremos un pequeño detalle cargado de simbolismo: la sombra de la Cruz se proyecta sutilmente sobre algunas letras de la palabra aniversario y también sobre parte del nombre de vuestro pueblo, oscureciéndolas y dibujando así una delicada forma de cruz. Un guiño visual que refuerza la unión tradicional e inseparable de las palabras Vera y Cruz, y que envuelve todo el conjunto en un profundo sentido espiritual y emocional.

Ahora cuando se acerquen a la obra les invito a encontrar en esta idealización de Setenil algunos de sus monumentos mas significativos: no solo la torre, el campanario o la iglesia s sino incluso vuestra casa Hermandad.

Gracias querida Isabel y a toda tu junta de Gobierno en primer lugar por haber confiado en mi, en segundo lugar por vuestra comprensión adaptando vuestra agenda a lo que pasaba en mi casa, algo que no olvidaré mientras viva. Durante estos meses he tenido a mi lado una especie de escudero, de confesor… que me ha acompañado y animado: ese es vuestro Sebastian al que quiero agradecerle desde aquí su cariño, su paciencia y su amistad. Gracias amigo.

Querida Hermandad de los Blancos: muchas felicidades por este aniversario. Estoy seguro que será un año inolvidable lleno de actos entrañables que harán aún más grande una hermandad que desde 1551 reparte esperanza y llena de luz este bendito pueblo de Setenil de las Bodegas.

Isabel María Corral, Hermana Mayor de la Vera+Cruz de Setenil, y el pintor Fernando Vaquero, durante la presentación del Cartel del 475 Aniversario de Los Blancos de Setenil.

Fernando Vaquero es un pintor formado con Antonio López y Eduardo Naranjo, entre otros renombrados artistas, de los que emerge su preferencia por plasmar sus trabajos desde un prisma realista o hiperrealista. Sobrino del conocido pintor Francisco Maireles, Vaquero también es músico especializado en piano. Su gusto por la pintura historicista rezuma en obras como ‘El Expolio’, realizado en el marco del Año Murillo, que representa el robo de las obras de este pintor sevillano en el Hospital de la Caridad por parte del mariscal Soult.

En el ámbito de la cartelería cofrade, Vaquero ha sido el autor del cartel oficial de la Semana Santa de Sevilla (2019), Córdoba (2020) y Jaén (2023), así como de otras ciudades como Dos Hermanas, Carmona, Osuna, Marchena, Alcalá de Guadaíra, Coria del Río, Ronda o Loja. También ha sido cartelista del Corpus Christi de Sevilla (2016), de la Venida de la Virgen del Rocío de Almonte (2019), de las Fiestas de Primavera de Sevilla (2020) o del 75º aniversario de la Agrupación de Cofradías de Almería (2021), y el cartel anunciador de la participación del Santísimo Cristo de la Expiración «El Cachorro» en la Gran Procesión de Roma en mayo de 2025 en el marco del Jubileo de las Cofradías.