La Hermandad de la Santa Vera+Cruz de Setenil, «Los Blancos», ha iniciado este sábado 17 de enero los actos de celebración del 475 Aniversario de su fundación en 1551 con la presentación de una auténtica joya artística y devocional: el óleo «Entre el cielo y la Tierra», del prestigioso pintor sevillano Fernando Vaquero, que será el cartel anunciador de esta conmemoración. Autor de conocidos carteles de la Semana Santa de Sevilla, Córdoba, Jaén o Ronda, Vaquero ha querido contar a los hermanos blancos y los setenileños la vínculación íntima con el Cristo de la Vera-Cruz de nuestro pueblo surgida con la realización de este cuadro, «uno de los más complejos y personales» de toda su trayectoria. Vaquero explica que el proceso creativo estuvo marcado por un momento vital especialmente delicado por una enfermedad de su mujer, la también pintora Irene Dorado, cuya sanación ha ido en paralelo a le ejecución de esta obra y las oraciones el titular de Los Blancos: «No podéis imaginar las veces que le he rezado. En cada pincelada sobre su bendito rostro iba quedando adherida una oración, en cada trazo una súplica silenciosa». A continuación podéis leer la emotiva y brillante intervención de Fernando Vaquero.

FERNANDO VAQUERO
Setenil, 17 de enero de 2026
Hoy os presento uno de los carteles más difíciles de toda mi carrera. Y, sin duda, uno de los más íntimos y personales. Porque si ya de por sí el ejercicio intelectual de componer una escena es complejo, lo es mucho más cuando el artista crea desde la incertidumbre y la preocupación más profunda.
Cuando la salud de uno de los tuyos se tambalea, algo dentro de ti también se quiebra. El desvelo y la intranquilidad te arrastran a una especie de oscuridad donde todo se vuelve negro, donde la mente se bloquea y el corazón pesa. En ese abismo, la creación deja de ser un acto técnico para convertirse en un acto de supervivencia. Fue en ese momento de desorientación personal cuando, por primera vez, le recé a vuestro Cristo. Le pedí algo muy simple: salud. Le pedí que me devolviera la luz. Le pedí que me sacara de aquella oscuridad en la que me encontraba perdido.
He podido contemplar cientos de fotografías de vuestra Hermandad. Las que, con tanto cariño, me enviaban Isabel y Sebastián; las decenas de boletines de vuestra historia que generosamente me cedisteis; y muchas otras imágenes que pedí a los fotógrafos locales de la Hermandad, especialmente a Mario García Vargas, a quien desde aquí agradezco su enorme generosidad.
Lo he visto desde todos los ángulos: desde arriba y desde abajo, de perfil, en contrapicado, con el sudario, de cerca, sobre su paso, de día, de noche, en la urna, en el Vía Crucis… Tantas imágenes, tantos Cristos en la memoria, que un día, una mañana cualquiera, mientras esperaba a mi mujer en una de sus pruebas en el hospital, mágicamente surgió la idea. O quizá no debería decir que surgió, sino que me fue enviada. Vuestro Cristo me la entregó precisamente desde esa oscuridad en la que yo me encontraba.
Y en ese gesto, Él me dio lo que le había pedido: la luz. Un Cristo que abre de par en par mi noche interior para que la luz penetre en ella y me llene de esperanza.
No podéis imaginar las veces que le he rezado. En cada pincelada sobre su bendito rostro iba quedando adherida una oración, en cada trazo una súplica silenciosa: Que salga todo bien, Dios mío, cuídamela… Me da vértigo pensar que Dios haya querido que la operación de mi mujer coincida exactamente con esta semana en la que yo debía venir a verlo de nuevo. Nada ocurre por casualidad.
He querido titular esta obra “Entre el Cielo y la Tierra”, con la intención de que no sea solo una imagen, sino también un instrumento de oración para todo devoto que se acerque a ella. En ella, Cristo no solo aparta para nosotros la roca del dolor y de la oscuridad, sino que nos señala el camino hacia la eternidad.
Allí, a lo lejos, entre brumas, aparece el cielo. Un cielo en el que he querido representar una idealización del pueblo de Setenil: donde habitan vuestros abuelos, donde también están aquellos que en 1551 fundaron esta Hermandad y que hoy, desde lo alto, nos recuerdan lo mismo que Cristo nos dice desde la Cruz: que no desfallezcamos. Que nunca perdamos la fe. Porque Él siempre estará aquí, en la tierra, con nosotros, abriendo sus brazos, separando la oscuridad para llenarnos de esperanza.
Querido Cristo de la Vera Cruz: tú, que tanto me has escuchado durante estos meses; tú, que me has visto llorar mientras pintaba tus regueros de sangre… hoy quiero darte las gracias. Gracias porque todo ha salido bien y ya la tengo en casa. Y por eso quiero decírtelo aquí, delante de todos tus hermanos: gracias, gracias y mil veces gracias. Porque no solo eres el Señor de Setenil… también eres mi Señor.
No pueden ustedes imaginar la vinculación tan profunda que, a partir de ahora, tendrá este cartel para mí. Cada vez que lo contemple y vuelva a encontrarme con la mirada de este Cristo, recordaré muchas cosas… muchas conversaciones silenciosas entre Él y yo. Porque me gusta pensar que no fui yo quien tuvo la idea de este cuadro, sino que fue Él quien quiso mostrarse así ante todos nosotros.
Él quiso aparecer de este modo para recordarnos que, si esta Hermandad permanece viva desde hace 475 años en este Setenil de las Bodegas que hoy pisamos, es gracias a vuestros abuelos, a vuestros padres, a vuestros amigos. Gracias a todos aquellos que nos precedieron y que, desde ese Setenil del cielo, hoy os contemplan con gratitud, orgullosos de ver que seguís cuidando y manteniendo tan viva esta Hermandad que ellos un día sembraron.
En cuanto a la parte mas técnica deciros que se trata de un óleo sobre lino de 116 x 65 cm (curiosamente el lino fué el tipo de tela en la que envolvieron a Cristo). Tambien deciros que la Hermandad deseaba que entregara la pintura tal y como la ven y que luego les aportara la versión cartelística, en la que podéis ver, en primer lugar, las palabras VERA y CRUZ, para las que he elegido una tipografía moderna y actual, inspirada en la impresión sobre tela, como una forma de tender un puente entre la tradición y el presente.
Sobre ellas se alza la mención al 475 Aniversario, y en la parte inferior, cerrando la composición, aparece el nombre de Setenil, de manera que, si recorremos el cartel de arriba abajo, todo comienza y todo termina en Setenil.
Si afinamos la mirada, descubriremos un pequeño detalle cargado de simbolismo: la sombra de la Cruz se proyecta sutilmente sobre algunas letras de la palabra aniversario y también sobre parte del nombre de vuestro pueblo, oscureciéndolas y dibujando así una delicada forma de cruz. Un guiño visual que refuerza la unión tradicional e inseparable de las palabras Vera y Cruz, y que envuelve todo el conjunto en un profundo sentido espiritual y emocional.
Ahora cuando se acerquen a la obra les invito a encontrar en esta idealización de Setenil algunos de sus monumentos mas significativos: no solo la torre, el campanario o la iglesia s sino incluso vuestra casa Hermandad.
Gracias querida Isabel y a toda tu junta de Gobierno en primer lugar por haber confiado en mi, en segundo lugar por vuestra comprensión adaptando vuestra agenda a lo que pasaba en mi casa, algo que no olvidaré mientras viva. Durante estos meses he tenido a mi lado una especie de escudero, de confesor… que me ha acompañado y animado: ese es vuestro Sebastian al que quiero agradecerle desde aquí su cariño, su paciencia y su amistad. Gracias amigo.
Querida Hermandad de los Blancos: muchas felicidades por este aniversario. Estoy seguro que será un año inolvidable lleno de actos entrañables que harán aún más grande una hermandad que desde 1551 reparte esperanza y llena de luz este bendito pueblo de Setenil de las Bodegas.

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